martes, 21 de enero de 2014

Comer viajando...

¿Has oído hablar en alguna ocasión de los fitonutrientes? Son los encargados de aportar color a los alimentos que ingerimos. Sirven como antioxidantes, protegen nuestros cuerpos ante algunas enfermedades y son los encargados de fortalecer nuestro sistema inmunológico… Pero, avanzando un paso más, ¿Te has fijado en alguna ocasión en el efecto que dichos colores tienen sobre nuestro intelecto?
Porque yo, cada vez que me siento frente a un plato de espárragos como éste, sólo recuerdo los maravillosos bosques de Costa Rica en los que las orquídeas epifitas trepaban por los árboles en busca de algo de luz solar…

Y cuando observo una de estas naranjas chinas y veo ese color, me traslado automáticamente a aquel verano en la Toscana, con un calor sofocante que casi impedía respirar pero que no restaba en absoluto protagonismo a la maravilla que suponía contemplar aquellos campos …

Y si me planto frente a un tomate como éste, observo las cabinas telefónicas de Londres, rojas, relucientes, inigualables…. Esas que ya nunca se utilizan pero que llaman nuestra atención cada vez que las vemos…

Y esto no son champiñones, en realidad son un paseo por aquel parque en Estocolmo a 18° bajo cero… una experiencia única…

¿Un increíble arroz con bogavante? No, son los taxis de Nueva York, aquellos que aquel día intentaron atropellarme cuando, alocadamente, cruzaba aquella inmensa avenida…

Y esta pasta, que probablemente pienses que es una verdadera porquería, sólo me traslada a esas playas de Formentera en las que, año tras año, me siento a observar el mar, lo grabo en mi cerebro para ser capaz de aguantar todo el invierno ….


Porque la comida se huele, se saborea, se palpa… pero, sólo observándola, te hace viajar…

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