jueves, 14 de agosto de 2014

Eran amarillas ...

Cuando aquella noche caí vestida al agua, no me preocupó en absoluto mi ropa.... Sólo mis flamantes botas amarillas.... Creo recordar que grité algo semejante a "No, con botas no" pero dio igual, caí vestida, con botas... Amarillas... Y fue lo que más me preocupó de la noche... Hoy, que echo la vista atrás, pienso que aquella noche hubiera supuesto un cambio radical, una locura... Y en ocasiones me pregunto qué habría sucedido si yo, en lugar de tener la cabeza (mojada) sobre los hombros me hubiera puesto todo por montera y hubiera dicho que sí (o que no, según se mire)... No tengo ni la menor idea, pero no me arrepiento... Las cosas tienen su razón de ser, a veces incomprensible, pero su razón. Y si hoy él me volviera a tener en el borde de la piscina con mis botas puestas (amarillas o de cualquier otro color), sólo diría... "No, con botas no"... 

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