martes, 6 de febrero de 2018

Está oculto...

No sabían muy bien a dónde iban... y justo de eso se trataba...  Sólo les habían citado en un lugar y a una hora precisa y el motivo era, ni más ni menos, que ir a comer... y la gracia es no saber a dónde vas, no tener ideas preconcebidas, no saber qué te vas a encontrar y qué vas a comer (hecho que es bastante de agradecer, porque últimamente todo es igual, los lugares son iguales, las cartas son iguales, los emplatados son iguales, habría que aniquilar las pizarras y el queso de cabra...).
Y allí se plantaron... una única mesa, un buen mantel, una estupenda decoración y dejar que empiecen a fluir los platos, uno tras otro... Disfrutar de la comida, de la bebida, de la charla, de la experiencia.
Sin pizarras, sin cestillos de freidora, sin papeles impresos, sin vinagre de Módena, sin ruidos, sin esperas, sin prisas, con ganas, con hambre...
Y nada más. 

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